Que curiosa es la percepción humana… es increíble como
nuestro inconsciente es capaz de seleccionar en cada una de las situaciones que
nos encontramos, todo aquello que nos identifica en ese instante…
Todos hemos pasado esos momentos en los que pensamos que
todas las canciones las escribieron para nosotros… o que todo el mundo a tu
alrededor está viviendo cosas parecidas a las tuyas… Gracias a esa percepción
selectiva, ayer leía una frase que últimamente resume muchas de las conversaciones
que estoy teniendo: “la vida es todo aquello que te va sucediendo, mientras nos
empeñamos en hacer otros planes”…
No puedo estar más de acuerdo con esto. Sin embargo hay una
palabra que llama mi atención sobre todas las demás: empeñar. Es cierto! Nos
empeñamos en que las cosas tienen que salir como planeamos. La cultura del
fracaso en este país está muy extendida. Parece que si planificas algo y no
sale tal cual lo planeaste es un fracaso, y particularmente yo, me niego a pensar
así…
Soy un firme defensor del establecimiento de objetivos… de
metas que de alguna manera te orienten en el camino, pero siempre que te
orienten, nunca que te condicionen. No puedo entender la vida como un contrato
en el que un día firmas un escenario ideal futurible, y pase lo que pase te
tienes que “empeñar” en llegar a él… No la entiendo porque no es real. El día
que firmas ese contrato no estás tú solo… estás tú, tu entorno, tu situación, y
tu estado emocional; y esas cuatro cosas van a cambiar… Quieras o no quieras
van a cambiar.
Por eso no creo en las metas inamovibles, porque
absolutamente todo lo que tienes a tu alrededor se va a ir modificando, y por
ello tus metas deberían adaptarse. No puedes empeñarte en trabajar toda la vida
en el mismo sitio… no puedes aferrarte a estar toda la vida viviendo en la
misma ciudad… no puedes obcecarte en compartir tu vida con la misma persona… No
puedes pretender vivir una vida con los ojos tapados a lo que ocurre a tu
alrededor por miedo a que las
cosas no vuelvan a ser como antes…
Es más, no creo
que debas hacerlo. En primer lugar porque te estarías auto engañando si lo
haces: sabes que hay algo ahí fuera y te empeñas en no mirarlo; en cambio si lo
miras, lo analizas, y lo valoras, tienes la seguridad de estar dando pasos hacia
delante ya que eliges lo que tienes renunciando a cosas que has visto… de
alguna manera puedes engañar al mundo y que te salga bien, pero nunca podrás
engañarte a ti mismo y no arrepentirte por ello. Y en segundo lugar, porque al
cerrar los ojos te estás negando cosas que te pueden aportar mucho más de lo
que ya tienes. Mira y elige… pero mira.
Es un error que todos cometemos el pensar que solo existe un
camino para llegar a ciertas metas… Pensamos que si estamos contentos en un
trabajo no volveremos a estarlo el día que nos despidan. Siempre acabamos poniéndonos
en la situación de que se puede empeorar, nunca de que se puede mejorar… Por
otro lado esta actitud es totalmente lógica cuando sabemos que el mejorar lleva
asociado algo que todos tememos: el riesgo. Riesgo a que las cosas no salgan
como esperábamos, riesgo a echar de menos lo que teníamos por no haber logrado
lo que queríamos, y al final riesgo a lo que nos empeñamos en llamar: fracaso…
La cultura de “virgencita, virgencita que me quede como
estoy” es parálisis pura por miedo al fracaso. Pero realmente creo que es un
error llamarlo fracaso. Quizá el problema surja del momento en el que
establecemos esas metas… ese contrato del que hablábamos antes: realmente que
buscas en la vida?... buscas trabajar toda tu vida ahí?, o ser feliz con tu
trabajo?... quieres estar toda tu vida con Diana?, o ser feliz con tu
pareja?... Cuál es realmente tu objetivo?
Quizá es ahí donde se puede empezar a modificar ese miedo…
Vemos el fracaso en una relación porque pensamos que cuando
esta se acaba, nuestro objetivo se desvanece… tienes la sensación de haber
construido una escalera muy larga a lo largo de los años para llegar a esa meta
que te habías puesto, y ahora esa escalera se rompe; pero no es así. No estabas
construyendo una escalera para llegar a nada, estabas construyendo una vida,
que el mismo día en el que acaba esa relación sigues construyendo. Tu objetivo
sigue siendo el mismo… lo que cambia es el camino… Mientras tratabas de ser
feliz (tu meta), te ha sucedido una relación (tu vida), ese es el gran sentido
de esa frase…
Nadie puede hablar de fracaso, porque nadie te puede quitar
nada de lo que has vivido… Tu vida la sigues construyendo día a día con todo lo
que te va ocurriendo, y sin que nadie haya tocado tus objetivos… Como decía
antes, si te impones un antifaz, y te empeñas en lograr tu meta, lo que te
estarás perdiendo es como se va construyendo tu propia vida… Si tienes miedo al
cambio, si tienes miedo al riesgo de lo que no conoces, te estás negando la
posibilidad de encontrar ladrillos que hagan crecer tu vida, por el falso temor
a que derrumben algo indestructible.
Con esto no hago apología del cambio y la búsqueda constante…
pero si me posiciono en contra del muro que todos nos ponemos cuando hay algo
que nos toca, nos descoloca, nos emociona,… en definitiva nos hace plantearnos
una vida distinta a la que teníamos en mente… Se sincero contigo… no tengas
miedo a preguntarte… no intentes aislarte del mundo como si tú no tuvieras que
cambiar con él…
Por supuesto que tienes que ponerte metas, pero deja que “todo
eso que te va ocurriendo”, sea lo que defina la estrategia o el modo para
conseguirlas… Por mucho que nos empeñemos, el camino no está hecho y tú tienes
la capacidad para redirigir el rumbo una y otra vez.
Al final la decisión es tuya: ¿prefieres empeñarte en
perseguir tu plan, o prefieres vivir tu vida…? En cualquiera de los dos casos
solo tienes una oportunidad…
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