18 noviembre, 2012

Ganar, o vivir...


Que curiosa es la percepción humana… es increíble como nuestro inconsciente es capaz de seleccionar en cada una de las situaciones que nos encontramos, todo aquello que nos identifica en ese instante…

Todos hemos pasado esos momentos en los que pensamos que todas las canciones las escribieron para nosotros… o que todo el mundo a tu alrededor está viviendo cosas parecidas a las tuyas… Gracias a esa percepción selectiva, ayer leía una frase que últimamente resume muchas de las conversaciones que estoy teniendo: “la vida es todo aquello que te va sucediendo, mientras nos empeñamos en hacer otros planes”…

No puedo estar más de acuerdo con esto. Sin embargo hay una palabra que llama mi atención sobre todas las demás: empeñar. Es cierto! Nos empeñamos en que las cosas tienen que salir como planeamos. La cultura del fracaso en este país está muy extendida. Parece que si planificas algo y no sale tal cual lo planeaste es un fracaso, y particularmente yo, me niego a pensar así…

Soy un firme defensor del establecimiento de objetivos… de metas que de alguna manera te orienten en el camino, pero siempre que te orienten, nunca que te condicionen. No puedo entender la vida como un contrato en el que un día firmas un escenario ideal futurible, y pase lo que pase te tienes que “empeñar” en llegar a él… No la entiendo porque no es real. El día que firmas ese contrato no estás tú solo… estás tú, tu entorno, tu situación, y tu estado emocional; y esas cuatro cosas van a cambiar… Quieras o no quieras van a cambiar.

Por eso no creo en las metas inamovibles, porque absolutamente todo lo que tienes a tu alrededor se va a ir modificando, y por ello tus metas deberían adaptarse. No puedes empeñarte en trabajar toda la vida en el mismo sitio… no puedes aferrarte a estar toda la vida viviendo en la misma ciudad… no puedes obcecarte en compartir tu vida con la misma persona… No puedes pretender vivir una vida con los ojos tapados a lo que ocurre a tu alrededor por miedo a que las cosas no vuelvan a ser como antes…

Es más, no creo que debas hacerlo. En primer lugar porque te estarías auto engañando si lo haces: sabes que hay algo ahí fuera y te empeñas en no mirarlo; en cambio si lo miras, lo analizas, y lo valoras, tienes la seguridad de estar dando pasos hacia delante ya que eliges lo que tienes renunciando a cosas que has visto… de alguna manera puedes engañar al mundo y que te salga bien, pero nunca podrás engañarte a ti mismo y no arrepentirte por ello. Y en segundo lugar, porque al cerrar los ojos te estás negando cosas que te pueden aportar mucho más de lo que ya tienes. Mira y elige… pero mira.

Es un error que todos cometemos el pensar que solo existe un camino para llegar a ciertas metas… Pensamos que si estamos contentos en un trabajo no volveremos a estarlo el día que nos despidan. Siempre acabamos poniéndonos en la situación de que se puede empeorar, nunca de que se puede mejorar… Por otro lado esta actitud es totalmente lógica cuando sabemos que el mejorar lleva asociado algo que todos tememos: el riesgo. Riesgo a que las cosas no salgan como esperábamos, riesgo a echar de menos lo que teníamos por no haber logrado lo que queríamos, y al final riesgo a lo que nos empeñamos en llamar: fracaso…

La cultura de “virgencita, virgencita que me quede como estoy” es parálisis pura por miedo al fracaso. Pero realmente creo que es un error llamarlo fracaso. Quizá el problema surja del momento en el que establecemos esas metas… ese contrato del que hablábamos antes: realmente que buscas en la vida?... buscas trabajar toda tu vida ahí?, o ser feliz con tu trabajo?... quieres estar toda tu vida con Diana?, o ser feliz con tu pareja?... Cuál es realmente tu objetivo?

Quizá es ahí donde se puede empezar a modificar ese miedo…

Vemos el fracaso en una relación porque pensamos que cuando esta se acaba, nuestro objetivo se desvanece… tienes la sensación de haber construido una escalera muy larga a lo largo de los años para llegar a esa meta que te habías puesto, y ahora esa escalera se rompe; pero no es así. No estabas construyendo una escalera para llegar a nada, estabas construyendo una vida, que el mismo día en el que acaba esa relación sigues construyendo. Tu objetivo sigue siendo el mismo… lo que cambia es el camino… Mientras tratabas de ser feliz (tu meta), te ha sucedido una relación (tu vida), ese es el gran sentido de esa frase…

Nadie puede hablar de fracaso, porque nadie te puede quitar nada de lo que has vivido… Tu vida la sigues construyendo día a día con todo lo que te va ocurriendo, y sin que nadie haya tocado tus objetivos… Como decía antes, si te impones un antifaz, y te empeñas en lograr tu meta, lo que te estarás perdiendo es como se va construyendo tu propia vida… Si tienes miedo al cambio, si tienes miedo al riesgo de lo que no conoces, te estás negando la posibilidad de encontrar ladrillos que hagan crecer tu vida, por el falso temor a que derrumben algo indestructible.

Con esto no hago apología del cambio y la búsqueda constante… pero si me posiciono en contra del muro que todos nos ponemos cuando hay algo que nos toca, nos descoloca, nos emociona,… en definitiva nos hace plantearnos una vida distinta a la que teníamos en mente… Se sincero contigo… no tengas miedo a preguntarte… no intentes aislarte del mundo como si tú no tuvieras que cambiar con él…

Por supuesto que tienes que ponerte metas, pero deja que “todo eso que te va ocurriendo”, sea lo que defina la estrategia o el modo para conseguirlas… Por mucho que nos empeñemos, el camino no está hecho y tú tienes la capacidad para redirigir el rumbo una y otra vez.

Al final la decisión es tuya: ¿prefieres empeñarte en perseguir tu plan, o prefieres vivir tu vida…? En cualquiera de los dos casos solo tienes una oportunidad…

No hay comentarios:

Publicar un comentario