Lo reconozco, no están siendo días fáciles…
Y digo que no son fáciles, no porque no los esté
disfrutando. Al contrario, lo estoy haciendo y mucho. Hablo de la facilidad que
te da lo que ya conoces… lo que ya sabes hacer… pero sobretodo lo que
controlas…
Para mí es inevitable: necesito saber que controlo lo que
estoy viviendo… que soy capaz de analizar mi entorno, y saber hasta qué punto
dejarme influir por él… en definitiva, necesito ser yo el que marque la
velocidad de mi vida…
Sin embargo, el control, solo es el fruto del proceso
inconsciente de trabajo sobre una situación: primero analízala, después
interprétala, trata de entenderla, adáptate a ella, y solo entonces podrás
plantearte controlarla, ser tú el que marque el ritmo. Ese es mi problema, aún
no estoy adaptado a mi nueva situación… la entiendo, la racionalizo, pero me
queda camino por recorrer como pasajero, antes de coger el volante…
Pocas veces me he visto superado por una marcha mayor a la
mía… pero cada situación nos pone a
prueba y nos cambia la visión que tienes de ella… y lo único que me queda es
aprender… no agobiarme por querer que las cosas funcionen como “siempre” han
funcionado… Por supuesto que tengo que perseguir esa “tranquilidad” que me da la
serenidad para afrontar mi verdad, pero siempre desde la riqueza y la emoción
que me da el saber que no todo está hecho… que no todo lo controlas… que no
todo lo conoces… y que pase lo que pase siempre habrá algo que te agite y
cambie ese esqueleto de rutinas, pensamientos, y emociones que queremos ser…
Como dice un buen amigo, el cambio es… y además es bueno.
Pase lo que pase es bueno. Son oportunidades de hacer lo que nunca hiciste, de
vivir lo que no viviste, de sentir lo que no sentiste… y con esto ni mucho
menos digo que cada cambio deba ser un mundo… precisamente esos no son de los
que hablo. Hablo de esos detalles que te descolocan, y te hacen ver, que
siempre quedan cosas por experimentar…
Digo que no son días fáciles, pero mientras aprendo de
ellos, pienso saborearlos… Hay algo que los que me conocen saben que repito
hasta la saciedad, y es que no me gusta correr hacia un futuro sin pararse a
vivir un presente; y siempre pongo un ejemplo de esto: ¿por qué nos empeñamos
en intentar mostrarnos fuertes cuando estamos tristes, y nos forzamos a olvidar
esa tristeza? Aprende a disfrutar de ella! Por supuesto no hago una apología
del lloro y la suplica… todo lo contrario para llegar a sentirte bien contigo mismo
tienes que conocerte… no solo en los días buenos y tranquilos, también (y principalmente),
en los malos y agitados… no los obvies, no los pases de largo… son parte de tu
verdad, y te ayudarán a lograr tus metas. Disfruta el caos… la angustia de lo
que no conoces… la falta de aire de un momento que se te hace eterno… la
nostalgia de un instante que no sabes si se repetirá… disfruta la caída sin arnés
de una situación nueva, porque solo entonces podrás decir “sí, yo viví todo
aquello que el destino tenía preparado para mi…”.
Es por eso que yo afrontaré esta nueva situación (y mi vida)
bajo esa filosofía: “persigue una meta… pero sobre todo disfruta el camino.”
Y tú, como te la planteas?
Disfruta cada una de las nuevas experiencies que te ofrece este momento de tu vida, porque será la forma más bonita de enriquecer todavía más tu increible personalidad. Saborea cada uno de los pasos de tu camino.
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